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Citius, altius, fortius

Por: Financiero 12 Sep 2021
Citius, altius, fortius

En la prehistoria e historia, pueden observarse la sucesión de los esfuerzos de la humanidad por superar los límites físicos de nuestro cuerpo. Anhelábamos mayor altura, rapidez y fuerza. ¡Lo logramos!


Pulso Económico
Aram Cisneros
Consultor/Agricultor
@kwpulso

Elegí titular el presente artículo con la frase en latín, característica de los Juegos Olímpicos, significa: “Más alto, más rápido, más fuerte”.

En la prehistoria e historia, pueden observarse la sucesión de los esfuerzos de la humanidad por superar los límites físicos de nuestro cuerpo. Anhelábamos mayor altura, rapidez y fuerza. ¡Lo logramos!

Desde hace tres millones de años hasta el siglo XIX, los avances tecnológicos permitieron una eficiencia y productividad que nos han brindado la posibilidad de que cada vez logremos más, con menos recursos. Repasémoslos:

Durante la Edad de Piedra, nuestros antepasados crearon herramientas y armas, que luego sofisticaron durante la Edad de Bronce y la Edad de Hierro. En la transición entre ambos periodos, se inventa la rueda.

Posteriormente, la invención de la agricultura, produce impactos enormes. Progresivamente, pasamos de cazar, recolectar y ser nómadas, a ser sedentarios. Así surge “la ciudad”. Esas civilizaciones, a su vez provocaron un aumento de la densidad poblacional, enfermedades, contagios y desigualdad.

El siguiente escalón del progreso tecnológico, exigía la difusión de conocimiento. Dos hechos marcan el inicio de ese proceso:

El primero fue la escritura cuneiforme. Surge a finales del siglo IV en Turquía, Siria, e Irak. El estilete triangular de los sumerios sirvió para producir los primeros textos, sobre la arcilla flexible.

El segundo fue la imprenta. Tuvieron que pasar 1.000 años para que, en 1.452, Johannes Gutenberg imprimiera la “Biblia de 42 líneas”. Antes de Gutenberg, leer era un privilegio limitado a monjes y académicos. Después de él, se democratizó.

En Inglaterra, unos 300 años después, el ingeniero escocés James Watts, inventa un motor que transforma la energía térmica del agua, en energía mecánica. Sobra decir que hay quienes le disputan su título de inventor, argumentando que el mérito es para Herón de Alejandría, quien vivió a inicios del siglo I. Mientras que a Herón sus contemporáneos le hicieron poco caso, Watts rentabilizó el invento y cambió el curso de la humanidad dramáticamente.

Desde 1.769 hasta 1.880, el motor de vapor desencadenó la Revolución Industrial que hizo posibles las fábricas. También generó el auge del Imperio Británico, cuya fuerza naval conquistó vastísimos territorios en todo el planeta. Por otro lado, el ferrocarril (también operado por vapor), se instala en Estados Unidos con 200 mil millas de rieles. Aquel, fue el punto de inicio en la ruta de convertir a ese país en la siguiente potencia global, meta que alcanzarían al “ganar” la II Guerra Mundial.

Y así, llegamos al momento mágico. A finales del siglo XIX e inicios del XX, se generan las siguientes revoluciones industriales, porque desde entonces, la herramienta intangible que es la información, y los modos en que disponemos de ella, genera poder económico.

La información se volvió valiosa, rentable y de enorme impacto para los bienes físicos del mundo real. En un periodo de aproximadamente 100 años – que va desde 1904 hasta 2007- la electricidad, la electrónica, el Internet y el IPhone, crearon el mundo que tenemos hoy.

Todo este repaso histórico, nos lleva a tres preguntas relevantes: ¿Cuál es el próximo avance necesario para llegar más alto, más rápido y más fuerte? ¿Cómo será la economía? ¿Cómo será la sociedad?

Bueno, durante tres millones de años, el avance tecnológico consistió en extender las capacidades físicas de nuestros cuerpos, pero el futuro será definido por los avances tecnológicos necesarios para superar los límites mentales. Y me atrevo a decir que a través de la Inteligencia Artificial, AI, todo cambiará a una velocidad apabullante.

Ya los académicos y teóricos del tema, nos avizoran lo que viene: todos los trabajos que puedan automatizarse, se automatizarán, ocasionando una ola enorme de desempleo.

Éstos, recomiendan resolver esa ola a través de algo llamado Renta Básica Universal, que consiste en dinero gratis para todo el que no tenga trabajo. Se financiará gracias a la productividad generada por el nuevo mundo de la AI.

Unos dicen que creará una raza de vagos, otros dicen que garantizará estabilidad y paz social. Sin duda, es un tema hondamente polémico y fascinante. Aquel que desee profundizar, le invito a visitar https://www.nickbostrom.com/ para conocer a Nick Bostrom, un filósofo sueco que investiga y publica sobre el asunto.

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