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El problema de decir “no es para tanto”

Por: Financiero 30 Ago 2021
El problema de decir “no es para tanto”

“Su compañero lo decepciona al no cumplir con un plazo de entrega. Su jefe le hace un comentario inapropiado sobre su aspecto. Un cliente exige a su equipo algo que no es razonable. En todos los casos, usted se siente molesto o enfadado por lo sucedido -una respuesta natural a una violación de sus valores- pero, en lugar de decir o hacer algo al respecto, se dice a sí mismo que “no es para tanto”. Entonces la persona hace lo mismo una segunda vez, y una tercera, y una cuarta, y usted termina sintiéndose desconcertado y furioso”.


En ocasiones, tanto trabajadores como jefes, evitan abordar inconvenientes o malentendidos restándole importancia a ciertas situaciones, pero esto solo hace que los problemas se agraven

Redacción El Financiero

“Su compañero lo decepciona al no cumplir con un plazo de entrega. Su jefe le hace un comentario inapropiado sobre su aspecto. Un cliente exige a su equipo algo que no es razonable. En todos los casos, usted se siente molesto o enfadado por lo sucedido -una respuesta natural a una violación de sus valores- pero, en lugar de decir o hacer algo al respecto, se dice a sí mismo que “no es para tanto”. Entonces la persona hace lo mismo una segunda vez, y una tercera, y una cuarta, y usted termina sintiéndose desconcertado y furioso”.

Así presenta su artículo Jim Detert, quien es profesor John L. Colley de Administración de Empresas en el área de Liderazgo y Comportamiento Organizacional en la Escuela de Graduados en Administración de Empresas Darden de la Universidad de Virginia. Él es un colaborador habitual de Harvard Business Review, de donde se extrajo este artículo que fue traducido por El Financiero LatAm.

Por desgracia, estos ciclos son demasiado predecibles, sobre todo si uno es reacio al conflicto por naturaleza. Por supuesto, suele ser bueno asumir que la otra persona tenía una intención positiva. Pero, a menudo, decirse a sí mismo que “no es para tanto” (quizás incluyendo “porque su intención era buena”) es una distorsión cognitiva que responde al propósito a corto plazo de evitar una conversación o acción complicada, al tiempo que lo predispone a problemas mayores en el futuro.

El problema de evadir
El también profesor de Políticas Públicas en la Escuela de Liderazgo y Políticas Públicas de Batten, ilustra su teoría de alerta sobre lo contraproducente que es decir “no es para tanto” con el ejemplo de Ana. Ella, aunque se sintió poco respetada por un jefe que parecía ignorar sus ideas y contribuciones, se dijo a sí misma que su intención no era mala, sino que estaba demasiado ocupado para estar al tanto de todo lo que ocurría.

Sin embargo, con el tiempo, el patrón se hizo más claro y Ana empezó a sentir que su jefe estaba reteniendo los aumentos de sueldo y las oportunidades de ascenso. Aun así, Ana no dijo nada. Pero está claro que el comportamiento de su jefe era un gran problema porque ella se sentía cada vez más enfadada y se quejaba de él con sus compañeros. Finalmente, su jefe empezó a fijarse en ella, pero por razones equivocadas; la actitud de Ana era visiblemente negativa y su rendimiento se había deteriorado objetivamente de forma significativa.

Ese es el problema en pocas palabras; si no se hace frente a algo desde el principio, es muy probable que se acumule una energía emocional negativa y que el disgusto sea tal que al final resulte difícil estar en el mismo lugar que la persona que nos ha “agraviado”, y mucho menos confiar o sentirse bien con esta. Y lo que es peor, usted puede estallar, y cuando lo haga, es muy probable que diga algo que solo empeore la situación.

Algunas pautas para evitar esto

Considerar el “no es para tanto” como una señal para tomar medidas
Esta es una aseveración que se puede poner a prueba: Solo decirse a sí mismo “no es para tanto” cuando algo ha evocado una respuesta emocional negativa en sí. Si nos creemos eso, no debería ser difícil aceptar que utilizamos esa frase para evitar, en lugar de abordar, lo que ha provocado esos sentimientos. Por eso suelen volver a aparecer, y con más fuerza cada vez.

“Así que, cuando se vea utilizando el mantra “no es para tanto”, tómelo como una señal para decir algo. Como detallo en mi libro Choosing Courage, hablar puede ser difícil, pero es la única manera de que el problema se resuelva realmente”, asegura Detert, quien ha recibido numerosos premios por su docencia en programas MBA y Executive MBA.

Él aconseja que ciertamente es muy posible que el problema no sea para tanto; si ese es el caso, una conversación tranquila se encargará de solucionarlo. Igualmente, si la persona no ha actuado de forma malintencionada, el simple hecho de señalar el comportamiento que le molesta, en términos respetuosos, debería permitirle abordarlo sin que se produzca un gran revuelo. Las personas bienintencionadas que han cometido pequeños errores suelen ser capaces de escuchar sin reaccionar negativamente.

Actuar, pero no emboscar
Cuando se permite que las cosas se acumulen, es más probable que se actúe de forma incontrolada en un momento inoportuno.

Por eso, cuando un compañero le diga algo ligeramente molesto en una reunión, acuerde un espacio para hablar de ello o diríjase discretamente a él después de que haya pasado algún tiempo. De este modo, se dará la oportunidad de desprenderse de su respuesta emocional inicial y de pensar detenidamente en lo que quiere decir y cómo lo va a decir.

Buscar una conversación, no una confrontación
Cuando se aborda una situación desde el principio, antes de que las emociones hayan alcanzado un punto álgido, se pueden emplear estrategias menos conflictivas para hacer frente a lo que se piensa.

Por ejemplo, cuando está sereno, hay más probabilidad de que simplemente llame la atención sobre el mal comportamiento, con un comentario como (“has dicho X”) sin hacer atribuciones personales (“la gente como tú siempre dice X”). También es más probable que suavice la situación (“me pregunto si podríamos hablar de X”) en lugar de afirmar su conclusión (“estoy harto de X”). Y también hay una mayor posibilidad de hacer preguntas que permitan ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona y que esta se sienta escuchada en lugar de criticada.

Indagar a fondo es una forma respetuosa de comprobar si algo es realmente importante y es totalmente coherente con la noción de asumir una intención positiva. Por ejemplo, intente decir: “¿puedes ayudarme a entender por qué haces eso?” o “¿podrías compartir la información o el razonamiento sobre esto?”

Después de todo, si la intención positiva está garantizada, la respuesta de una persona a preguntas genuinas sólo debería confirmarlo. Si no lo hace, usted se dará cuenta de que seguir asumiendo una intención positiva es tanto un error como una excusa para su inacción.

No todo lo que desencadena una respuesta emocional requiere una respuesta. Pero si algo no es realmente para tanto, entonces probablemente no utilizaría este tipo de razonamiento de entrada; simplemente lo abordaría o lo ignoraría. Así que aprenda a reconocer esto cuando ocurra y aborde la situación antes de que se convierta en un problema mayor.

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